Ciento sesenta años después de aquella noche legendaria.
El Santuario de los Indomables ya no era solo un lugar de memoria. Se había convertido en una nación autónoma dentro del mundo, un territorio donde las reglas se escribían cada día con amor, curiosidad y rebeldía consciente. Los bosques de manzanos dorados se extendían por kilómetros, y sus frutos se exportaban a todos los rincones del planeta como símbolo de libertad.
Lira XIV, de veintiséis años, era la actual voz principal del Consejo