Setenta y cinco años después de aquella legendaria noche.
La colina se había convertido en un monumento vivo. Miles de personas acudían cada año al “Festival de la Manzana”, un evento donde se contaban historias, se plantaban árboles y se recordaba que un solo acto de rebeldía puede cambiar el curso de la historia.
Lira IV, de veintidós años, estaba de pie en el escenario principal frente a una multitud. Era la bisnieta de Lira III y llevaba el nombre con orgullo. Su cabello negro caía salvaje