Nicolás se encontraba sentado en el borde de la cama, en su modesto apartamento alquilado. Era difícil reconocer al hombre que una vez había sido el poderoso y respetado magnate de la ciudad. Ahora, lo único que lo mantenía en pie era el deseo de hacer lo correcto, aunque sus propios errores del pasado lo hubieran llevado a un abismo del que parecía imposible salir.
Había pasado noches enteras sin dormir, dándole vueltas a los últimos eventos. Aitana estaba en peligro, lo sabía, pero ella había