El humo de los disparos se mezclaba con el vapor criogénico, creando una neblina fantasmal que ocultaba los cuerpos de los soldados de la Logia caídos en el umbral. Liam me sostenía contra su pecho, su respiración agitada era el único sonido que competía con el pitido errático de los monitores médicos que Elias intentaba desconectar. Mis ojos, limpios de cualquier rastro violeta, se enfocaron en la figura que emergía de la penumbra del pasillo: Julian Thorne.
El Decano entró sin escolta, su tún