El Gran Salón de la Ópera de Viena era un océano de seda, diamantes y el murmullo constante de la élite europea. El aire olía a perfume caro y a una ansiedad mal disimulada. Liam caminaba a mi lado, impecable en su esmoquin negro, su mano apoyada firmemente en la base de mi espalda. Para el mundo, éramos la pareja de poder definitiva que había sobrevivido a una crisis global; para nosotros, éramos dos náufragos intentando no hundirnos en un mar de percepciones fragmentadas.
Llevaba un vestido d