El zumbido sónico del pulso todavía me martilleaba las sienes, distorsionando la realidad en una serie de fotogramas lentos y fracturados. En el suelo, Liam se retorcía, intentando alcanzar su arma con dedos que no respondían, mientras Marcus permanecía inconsciente cerca de la entrada. El Doble se giró con una economía de movimientos inhumana, arrojando a mi madre contra mi escritorio de roble con una fuerza que hizo crujir la madera.
Elena, con el rostro ensangrentado pero los ojos encendidos