El aire acondicionado de la sede central se sentía como un bofetón de realidad gélida tras el calor sofocante de los incendios en Grecia. Liam mantenía su mano sobre el hombro de Sofía Vance, quien caminaba como una autómata, envuelta en una manta térmica que Marcus le había proporcionado. Yo caminaba unos pasos por delante, con el vestido esmeralda desgarrado y el corazón latiendo al ritmo de una advertencia que no lograba descifrar.
—Marcus, asegura el piso 50 y bloquea todos los accesos biom