El amanecer sobre la ciudad no trajo la claridad esperada, sino una bruma espesa que envolvía los rascacielos como un sudario de gasa gris. En el piso 50, el desorden de la batalla de la noche anterior había sido parcialmente mitigado por los equipos de limpieza táctica de Marcus, pero el olor a ozono y circuitos quemados persistía en el aire, un recordatorio físico de que la "Directiva Omega" había sido herida, pero quizás no erradicada.
Liam estaba sentado en el borde de mi escritorio, con un