El aire de la terraza de la Ópera era gélido, un contraste brutal con el calor sofocante del salón de baile. La Baronesa von Steiger se aferraba a su estola de piel, con el rostro aún pálido por la cercanía de la muerte que solo yo había visto venir. Liam permanecía a un metro de distancia, su mano en el interior de su chaqueta, escaneando las sombras del jardín mientras Marcus terminaba de retirar a un Viktor Varga derrotado.
—Me habéis salvado, Marta —susurró la Baronesa, su voz temblando no