El vestíbulo de la sede central de Wetsler & Klein se había transformado en un anfiteatro de cristal y luz. Más de doscientos periodistas de las principales agencias globales aguardaban, contenidos por un cordón de seguridad de la Contingencia Sombra que lucía brazaletes de color violeta, el nuevo símbolo de la empresa. El aire vibraba con una tensión eléctrica; el mundo quería saber si la mujer que casi colapsa la economía era una diosa, una criminal o un simple error de sistema.
En el cameri