El desierto abierto se sentía como un escenario infinito bajo el escrutinio del cielo. Habíamos instalado el generador térmico de Simón —una amalgama de celdas de combustible y piezas de motor— a cinco kilómetros al este del cañón. La idea era simple y mortal: crear un "falso oasis" de calor que atrajera la mirada del Satélite Negro mientras Marcus disparaba el pulso electromagnético desde el helicóptero en el momento exacto del paso orbital.
—El satélite estará en posición en T-menos diez minu