Víctor
El casino Imperio era un desastre. Un maldito caos.
Las luces intermitentes de las patrullas y ambulancias teñían los escombros con destellos azules y rojos, reflejándose en los charcos de agua que los bomberos habían dejado atrás al extinguir las llamas. El olor a humo y pólvora aún flotaba en el aire, mezclándose con el hedor a sangre y metal caliente.
Las bajas eran devastadoras. Treinta y nueve de nuestros hombres muertos. Cuarenta vidas que se habían esfumado en medio de la reyerta.