Jamil sintió cómo el corazón le golpeaba en el pecho, y no supo qué cara estaba poniendo, pero por el cambio en la expresión de Saimon, supo que había dicho demasiado sin abrir la boca.
—Espera… —Saimon se enderezó, bajando lentamente el vaso. — No.
Murmuro incrédulo el mafioso y el rubor de Jamil se intensificó, apartó la vista hacia la mesa, hacia las botellas, hacia la puerta, hacia cualquier cosa que no fueran los ojos de Saimon, y eso fue respuesta suficiente para Samael.
—¿Hablas en serio?