Jamil parpadeó, y con miedo vio el vaso de agua que un segundo antes había dejado sobre la mesa, ¿acaso tenía droga y él no se había percatado?
—¿Qué?
—Te enseño. —repitió Saimon, como si hablara de algo tan trivial como encender un cigarrillo. — Es un beso, Jamil, no es cirugía a corazón abierto.
El corazón de Jamil dio un salto brusco, por solo escuchar aquello, y estuvo a punto de preguntarle si estaba drogado, pero luego recordó que Saimon si lo estaba.
—Espera, no. — se apresuró a decir. —