Al fin una frase coherente salió de sus labios, ni siquiera se había molestado en encender las luces de la recámara, la oscuridad se la hacía más placentera, porque sentía que no podía verse al espejo, había manchado el honor de su familia, y eso no se debía al permitir que Saimon lo besara, se debía que le había gustado.
—Arderé en el mismo infierno.
No fue un lamento lo que salió de sus labios, sino más bien un pedido, de hecho, una plegaria, un deseo desde lo más profundo de su alma, porque