Días habían pasado desde la desaparición de Amalia y, aunque todos buscaban respuestas, nadie sabía nada de ella. Ni un rastro, ni una llamada, ni una señal de vida. Su ausencia se había convertido en un eco constante en cada rincón de la casa, un recordatorio de que las verdades salieron a la luz demasiado tarde.
En medio de esa incertidumbre, Dylan decidió llevar a Valentina a un lugar donde, más que respuestas, podrían hallar paz.
El auto avanzaba despacio por el camino de tierra que conducí