Aquella mañana, todo parecía un decorado a punto de resquebrajarse. Para Greicy, la casa ya no era símbolo de poder, sino un escenario lleno de grietas. Cada puerta crujía como si quisiera revelar secretos.
No había dormido. La noche se le había ido entre llamadas y documentos que Dylan le entregó: un acta de nacimiento, un ingreso hospitalario y una nota arrugada con amenazas. Entre ellos se dibujaba una historia inconclusa, un rompecabezas con una pieza faltante: la conexión directa entre Ama