Greeicy, no tenía prisa. Ese día no iría a la universidad ni a la empresa de su padre. Había decidido que la mansión, con su inmensidad solemne y a veces fría, sería el escenario de un día distinto. Un día para ella. Un día para Valentina.
Se levantó despacio, tomó un ligero baño y bajó las escaleras de mármol, escuchando el eco de sus propios pasos. El aroma del café recién hecho llegaba desde la cocina, mezclado con el tenue perfume de las flores frescas que las criadas habían colocado en los