Capitulo 34

La mansión Montenegro había recuperado su calma después de la cena, pero esa calma era engañosa. El eco de las palabras, las miradas punzantes y los gestos disimulados de la velada aún flotaban en el aire como humo invisible.

Greeicy caminaba con paso firme hacia la habitación principal, el vestido aún ceñido a su silueta, sus tacones golpeando suavemente el mármol en un compás que revelaba su impaciencia. No había dicho ni una palabra desde que las puertas se cerraron tras la salida de su fami
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