El ascensor se detuvo suavemente en el piso treinta y cinco con un sonido apenas audible, como un suspiro metálico. Las puertas se abrieron revelando el penthouse nupcial: un espacio que parecía diseñado para deslumbrar. Las paredes de cristal envolvían el lugar, dejando ver el skyline nocturno de Ciudad Real extendiéndose hasta el horizonte. Los rascacielos, como centinelas iluminados, parpadeaban contra la negrura del cielo, mientras miles de luces se reflejaban en la superficie del río que c