El caos reinaba en los condominios de alto lujo de Copenhague. El suelo estaba manchado de sangre, y los cuerpos de las víctimas yacían perfectamente alineados fuera de las entradas principales, como si alguien los hubiese depositado allí con macabra precisión. No había señales de entrada forzada ni rastros evidentes que delataran a los culpables. La escena estaba diseñada para sembrar terror, no para resolver un misterio.
Samantha White acompañada por sus hijos Roderick y Alicia, formando equ