Scarleth aulló como loba en celo. El eco del aullido vibraba en las molduras de la mansión White, un sonido que no solo marcaba el inicio de su reinado, sino que parecía haber fracturado la misma realidad del linaje.
La atmósfera en el gran salón era densa, cargada de un rancio olor a sumisión. Samantha, aún con las rodillas hincadas en el suelo, mantenía la cabeza baja, pero sus nudillos blancos delataban la furia que quemaba sus entrañas. Aiden, de pie a un lado, sentía cómo su propia sangre