Scarleth cayó al suelo, soltando un grito que no pertenecía a este mundo; no era un grito de dolor físico, sino de puro terror existencial. Parecía que la criatura dentro de ella, su mayor herramienta para controlar a Aiden, podría perecer ante el ataque.
Los Red se encontraban confiados, observando la escena con la frialdad de quien contempla un experimento científico. Fue un ataque inesperado, audaz, pero, aun así, para los ojos de un veterano, parecía ineficiente para erradicar a una bestia