El sol de la mañana se filtraba por las pesadas cortinas de terciopelo de la habitación, dibujando líneas de polvo dorado que danzaban en el aire. Emma abrió los ojos con una sacudida, el corazón galopándole en las costillas como un animal atrapado. El sudor frío empapaba su nuca y una sensación de irrealidad la envolvía, como si acabara de emerger de un océano profundo y oscuro.
Se incorporó bruscamente, mirando a su alrededor con ojos desorbitados. Las paredes de la mansión White, con sus mol