Aiden condujo al oficial Marlon hacia el estudio privado, un espacio revestido de caoba y cuero que solía oler a tabaco premium, pero que ahora estaba impregnado de un incienso fuerte, un intento desesperado de Samantha por ocultar el hedor a hierro y muerte que bajaba del piso superior.
—Tome asiento, oficial —dijo Aiden, señalando una de las butacas mientras él mismo se servía un trago de agua, sus manos manteniendo una firmeza que no sentía.
Marlon no se sentó de inmediato. Sus ojos recorrie