Capitulo 30

Elowen caminó por el pasillo de la presidencia con una lentitud que delataba que le dolía hasta el alma. Cada paso que daba le enviaba una punzada aguda a la sien, donde tenía un pequeño vendaje blanco muy limpio. Además, el brazo izquierdo le pesaba muchísimo, como si fuera de plomo, y sentía el cuerpo molido por la caída.

Al abrir la pesada puerta de su oficina, se detuvo en seco y contuvo el aliento. Killian estaba allí, de pie junto al gran ventanal que daba a la ciudad. Parecía haber estad
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