Pasaron cuatro días desde aquella noche en la oficina de la corporación. Para Elowen y Killian, el tiempo parecía haberse detenido en un paréntesis de paz que ninguno de los dos creía posible. Después de tantas mentiras y dolor, decidieron que lo suyo sería un secreto absoluto por el momento. En la oficina, frente a los empleados y los socios, se trataban con la misma frialdad y distancia de siempre. Nadie en el edificio sospechaba que, al terminar la jornada, sus mundos se unían lejos de las c