Habían pasado ya tres semanas desde aquel día en que la policía y los guardias de seguridad sacaron a los Vanderbilt de su mansión. El escándalo había sido total y la caída de la familia era el tema de conversación en todas las cenas de la alta sociedad. Ahora, la realidad para ellos era totalmente distinta y mucho más amarga. Arthur, Beatrix y Vianca vivían amontonados en una casa modesta, situada en un barrio de clase trabajadora donde el ruido de los autobuses y el olor a fritura de los veci