98. El legado de los sellos
El aire en Cárselin se había vuelto más denso desde la revelación del portal. Aunque el cielo seguía despejado y los niños aún reían en la plaza, para Raven, todo tenía un velo distinto. Caminaba junto a Elara por un sendero de piedras planas, dejando atrás la aldea mientras el atardecer teñía las montañas de rojo.
— ¿Estás seguro de que estás listo? —preguntó Elara, con una mirada que lo atravesaba.
— No hay forma de estarlo realmente —respondió Raven, sin detenerse—. Pero no puedo quedarme qu