94. La Grieta que respira
La noche se derramaba lenta sobre Cárselin.
El silencio era más denso de lo habitual, como si el bosque hubiera contenido el aliento. La luna aún no había salido, y el cielo estaba cubierto de nubes opacas, de esas que apagan el brillo de las estrellas. Raven dormía profundamente, abrazado a Kiara, con el rostro enterrado en su cuello, sintiendo el calor constante de su piel.
Entonces, el sueño llegó.
No como una visión ligera, sino como una caída. Un golpe seco que lo lanzó hacia otro espacio.