93. Donde nace lo nuestro
La mañana llegó sin urgencias.
El sol aún no se asomaba por completo, pero el cielo ya comenzaba a teñirse de azul claro, con rastros rosados que se estiraban entre las montañas. En el interior de la cabaña, el calor del cuerpo de Kiara aún se sentía bajo las mantas. Raven abrió los ojos y, por un momento, se permitió quedarse ahí, mirándola.
Ella dormía de lado, con el cabello cubriéndole parte del rostro y una mano extendida hacia él, como si su cuerpo supiera que ya no tenía que dormir sola.