29. El Silencio de los Hechizos
El aire de la montaña tenía algo distinto esa mañana. No era solo el frío que se filtraba entre los árboles ni el aroma húmedo de la tierra que despertaba con los primeros rayos del sol. Era la forma en que el silencio se acentuaba en cada paso que daba Liora, como si el bosque supiera que estaba dejando algo importante atrás.
La bruja caminaba con el corazón dividido. Las piedras del sendero crujían bajo sus botas, pero el ruido apenas competía con los pensamientos que la ahogaban. Habían sido