30. Problemas en el Santuario
La brisa nocturna se colaba entre los pilares milenarios del santuario, llevando consigo un murmullo ancestral, casi como un canto perdido. Las antorchas parpadeaban a lo largo de los corredores de piedra, y el silencio no era vacío, sino lleno de significado. Como si las paredes mismas recordaran lo que alguna vez fue y lo que estaba por venir.
Miryos se encontraba solo, arrodillado frente a una pequeña cascada que descendía desde el corazón de la montaña. El agua era cristalina, pura, tocada