22. El Espejo de Sombras
Los días se volvían más grises a pesar del sol de primavera. Ailén sentía que caminaba sobre un puente invisible entre dos mundos, uno que conocía y otro que se abría ante ella como un abismo lleno de secretos, promesas y sombras. Cada paso la alejaba un poco más de la seguridad de su entorno, de la calidez de Raven, de la risa despreocupada de Liora. Pero no podía detenerse. Había preguntas que necesitaban respuestas. Y Lucien parecía ser el único dispuesto a dárselas.
Se veían casi a diario,