Grayson
El eco de la confesión de Lira aún retumbaba en las paredes del salón como si el aire mismo se hubiera endurecido. “Kael…” ese nombre maldito seguía clavándose en mi mente como una daga envenenada, quemando cada fibra de mi ser con un odio tan profundo que apenas podía contener. Mi respiración era pesada, mi pecho subía y bajaba con violencia, y podía sentir cómo mi lobo, inquieto, se removía bajo mi piel, exigiendo salir, exigiendo sangre. La bruja temblaba frente a nosotros, con la vo