Lyam
Amarré con fuerza los últimos nudos, asegurándome de que ninguno de ellos pudiera liberarse, la familia entera estaba atada, amordazada y tumbada en el suelo, inmóvil, pero sus cuerpos seguían temblando como si algo dentro de ellos intentara escapar. Las cuerdas crujían bajo sus espasmos. No me gustaba ver a los niños así, con esos ojos rojos encendidos como brasas, pero no podía arriesgarme. Si los soltaba, no dudarían en arrancarme la garganta. Me enderecé, respirando hondo para calmarme,