AZURA
El silencio de las mazmorras era espeso, como si cada piedra del lugar absorbiera cualquier sonido y lo reemplazara por un eco apagado de pasos y respiraciones pesadas. Frente a mí, esa familia estaba encadenada y amordazada, sus ojos rojos brillando con una intensidad antinatural. No había miedo en sus miradas… solo una agresividad pura, casi animal. Lo inquietante no era solo lo que veía, sino lo que sentía. Era como si un manto de sombra cubriera sus almas.
Intenté hablarles, con la e