Damian le devolvió el beso a Aurora con una pasión abrasadora; sus manos se aferraron con firmeza a su cintura, atrayéndola más cerca hasta que no quedó ni un resquicio entre ambos. Su respiración se volvió pesada, clara entre el estruendo ensordecedor de la música.
—Tienes razón —murmuró entre jadeos, sus labios aún rozando los de Aurora—. Esta noche somos solo tú y yo.
Aurora se humedeció el labio inferior con lentitud.
—Vámonos de esta fiesta —susurró, mientras sus dedos se enredaban en el c