Un niño de casi cinco años estaba balanceando un gran palo de madera contra un muñeco de lobo.
—¡Otra vez, Leon! ¡Tu concentración empieza a flaquear! —dijo Valerie.
Leon hizo una mueca y apretó el palo con más fuerza. Su respiración era agitada, el sudor le empapaba la frente, aunque la temperatura alrededor era gélida.
—Es hijo del Alpha, pero es débil si solo se apoya en el nombre —murmuró uno de los entrenadores.
Leon lo oyó, pero no se volvió. Volvió a golpear, esta vez con más fuerza, has