Los vítores aún resonaban cuando Aurora y Damian se pusieron de pie en medio del círculo, con las manos fuertemente entrelazadas. La luz de la luna los iluminaba, como si bendijera el nuevo juramento que acababan de proclamar. Leon se aferraba a sus piernas desde el centro, su rostro resplandecía de felicidad.
—Ahora sí somos realmente una familia, ¿verdad? —preguntó en un susurro.
Aurora bajó la mirada, encontrando los ojos del niño.
—Siempre hemos sido una familia, cariño. Pero desde esta noc