En el hotel.
Damian estaba sentado al borde de la cama, aún con la camisa arrugada, los dedos pulsando la pantalla del celular que mostraba una videollamada. Apareció el rostro de Aurora en la pantalla, con medio rostro cubierto por el cabello mojado, parecía recién salida de la ducha.
Damian intentó sonreír.
—¿Ya comiste?
—Sí.
—¿Por qué no me dijiste lo del hospital? Si te sentías mal, podías decírmelo.
—Damian, estoy cansada, tengo sueño. Mañana hablamos, ¿sí?
Damian abrió la boca para respon