Aurora abrió la puerta del penthouse mientras sostenía la mano de Leon, quien abrazaba fuerte su peluche de lobo. El penthouse acababa de ser alquilado por Aurora unas horas antes. La vista de la ciudad nocturna se veía clara a través de la enorme ventana de cristal que se extendía por la sala principal. Varias maletas grandes de Leon ya estaban apiladas en una esquina.
Aurora se quitó su abrigo largo y lo lanzó sobre el respaldo del sofá.
—Leon, ve a tu cuarto. Mamá va a darse un baño un momen