El coche negro avanzaba a toda velocidad por la carretera. En el asiento del copiloto, Aurora estaba sentada con los brazos cruzados. Sus ojos fijos en la carretera, el rostro frío. Su vestido negro seguía desordenado, algunos mechones de cabello se pegaban a sus mejillas húmedas de sudor.
Damian giró bruscamente el volante hacia la izquierda, haciendo que los neumáticos traseros chirriaran sobre el asfalto.
—¿Por qué permitiste que ese humano de poca monta te tocara, eh?
Aurora respondió solo