Día tras día pasó, y en la sala de cuidados que antes estaba llena de máquinas que regulaban la respiración y los latidos, el ambiente cambió. Los pitidos que antes sonaban graves dieron paso a un ritmo más sereno; el oxímetro marcaba cifras estables y la respiración de Clara, aunque aún débil, ya no dependía del aparato con tanta frecuencia como los días previos.
León se sentó en la silla junto a la cama, observando cada bocanada de aire de Clara. Cuando sus párpados se movieron levemente y se