*—Callum:
Después de recorrer varios salones, todos decorados con el mismo lujo sobrio y atemporal, Dominick empujó una de las puertas de cristal y la abrió hacia la terraza. Una brisa templada los envolvió al salir, trayendo consigo el aroma de rosas y lavanda, pero no fue la fragancia floral lo que hizo que Callum se tensara.
Cuatro pares de ojos se volvieron hacia él, pero al instante Callum sintió el sudor perlándole la espalda y la garganta tan seca como si hubiera cruzado un desierto. Se