*—Dominick:
Cuando por fin logró calmarse y sentir que sus feromonas se estabilizaban, Dominick respiró hondo, se giró hacia la puerta y la abrió.
Tal como había supuesto, Callum seguía allí, quieto, con los brazos cruzados y la mirada fija en él. Su rostro estaba enrojecido, aunque Dominick no supo distinguir si era por el calor sofocante de la habitación… o por el enojo.
—¿Qué diablos pasa contigo? —disparó Callum, sin rodeos.
Dominick suspiró, evitando su mirada, y pasó por su lado rumbo a l