*—Dominick:
Por eso decían que un alfa nunca podía tener suficiente.
Dominick rió una risa ronca, aún jadeante.
Intentaba recuperar el aliento después de varias sesiones intensas con su omega, quien ahora descansaba exhausto sobre su pecho, con la piel perlada de sudor y el aroma dulce de su celo impregnando el aire. Ambos habían cedido a la necesidad una y otra vez, pero en ese instante, mientras la respiración se acompasaba y el calor de sus cuerpos se fundía bajo las sábanas revueltas, la m