*—Dominick:
Todo estaba yendo de mal en peor.
Dominick entró a su oficina como una tormenta. Cerró la puerta de un portazo tan brutal que las bisagras crujieron, amenazando con desprenderse, pero no podía evitarlo. No podía contener la ira ni la fuerza desmedida que le recorría el cuerpo como electricidad. Su Rut estaba a la vuelta de la esquina, y esta vez no tenía supresores. No tenía escapatoria.
Horas antes, cuando el calor se le subía por la espalda y su cuerpo comenzaba a reaccionar con e