*—Callum:
Cuando reveló parte de su secreto, escuchó un jadeo ahogado detrás de él.
—No… No puede ser… —balbuceó Noah—. ¿No es esa la marca de aquella vez?
Callum cerró los ojos. Lo había deseado muchas veces: que la marca desapareciera, que se desvaneciera como si nunca hubiera existido, pero no. Con los días, la hinchazón había bajado, el rojo se volvió rosado, y la cicatriz de los colmillos de alfa de Dominick permanecía, marcada en su piel como un estigma.
—¡Eso no debería haber pasado! —g