*—Dominick:
Dominick abrió los ojos con pesadez para luego levantar la mano lentamente y la observó. Allí, justo en el espacio entre su dedo índice y el pulgar, había una ligera marca de dientes, una mordida.
Una huella clara, aunque ya comenzaba a desvanecerse. No era la única. Tenía otras, más abajo, en su clavícula, en su cadera, en la parte interna del muslo… Marcas que hablaban de un deseo desbordado, de un encuentro carnal tan intenso que su cuerpo aún temblaba al recordarlo.
Así